El niño pequeño vive en armonía con su entorno. Se siente conectado con todo lo que le rodea, lleno de confianza y seguridad en su mundo. Tiene sus momentos de explosión o de llanto, pero regresa a la energía y la chispa que lo caracteriza.
Sin embargo, al acercarse a los 9 años esta relación con el mundo, y en especial su confianza y su seguridad, comienzan a cambiar.
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